De todos es sabido que Morante es un arqueólogo del toreo. Gusta de buscar suertes de toreros antiguos y traerlas a la actualidad, hacerlas casi suyas con su tremenda personalidad.
En esta ocasión, el que hizo el homenaje a la prehistoria del toreo, fue José María Garzón. Nos trajo a la memoria a un novillero conquense de antes de la guerra civil, en éste caso Heliodoro Ábalos “Carbonerito”.
Y no fue con alguna suerte suya, sino en este caso con el ganado, de Juan Pedro Domecq (la antigua ganadería del Duque de Veragua).
Media docena de toritos que en cuanto los picaban más que torearlos daban ganas de acariciarlos igual que el gato que el hijo de Carbonerito le regaló a su sobrina y le dio un dinerito además para gastos veterinarios por los problemas traumatológicos del animal. No sé cómo sería el gato pero seguro que tenía más casta que con los que nos han obsequiado hoy D José María y D. Juan Pedro.
Los tres toreros acartelados venían a acariciar a conciencia a los gatitos, pero cuando se pasaban con las caricias los pobres iban al suelo.
Daniel Luque con el minino primero no pudo acariciarlo mucho porque daba con sus pobres huesos en el albero, pero lo compenso con el cuarto, al que estuvo acariciando más de diez minutos y en la plaza hubo más de una crisis diabética, por ellos supongo que le dieron la única oreja de la tarde.
Juan Ortega vino flojo cómo los gatitos (vaya feria mala ha echado) al segundo le pasaba igual que al primero y no pudo estar arrullándolo mucho tiempo, pero en el quinto pareció que se vino arriba puesto de rodillas al principio de faena, pero el felino se rajó y aquello no acabó de cuajar.
Pablo Aguado era el más acostumbrado de los tres a acariciar y nos hizo concebir esperanzas con el tercero de que allí iba a haber amor gatuno (un par de naturales buenisimos), pero la cosa se estropeó porque el gato le enganchaba la muleta con sus garras.
En el último pasó algo parecido, pero este gatito era tan amoroso que hasta se echó en plena faena.
Ésta es mi última crónica de la feria 2026, me despido por ahora emulando (salvando las enormes distancias) al genial Rafael de Paula en el parador de Ronda, con aquel “me voy pa Jerez de la Frontera, donde se comen las papas enteras”. En mi caso perdonen el ripio “Yo me voy pa 3 puyazos, donde a los toros se les dan 3 varazos”…. cómo poco.
Hasta pronto.
José Luis MIGUEL
Abonado