Sucedió en el cuarto, un toro que no se fijaba y que desparramaba la vista. Se fue Morante a buscarlo a los medios, el toro no atendió al capote, hizo por él arrollándolo y corneándolo en el suelo. Se lo llevaron a la enfermería y ya no volvió La cornada pareció grave en la plaza.
En su primero nos había dejado otro recital con el capote, recibiendo al morlaco con unas chicuelinas personalísimas y quitando al toro por gaoneras de pata palante.
Con la muleta no llegó a acoplarse totalmente con el toro, aunque dejó gotitas de su calidad, con algún natural casi en redondo o la serie final de frente. Mató de una buena estocada y Gabi estuvo en su sitio y solo le dio una oreja.
Qué se recupere lo antes posible y ahí deja para la historia su feria 2026.
Tomás Rufo es el claro ejemplo de torero adocenado, que quiere el sillón de las figuras, no para echarlos sino para sentarse con ellos sin molestar. Entre él y el toro cabe la portada de la feria, no arriesgando un alamar nunca. Nada destacable de su actuación, pero lo que son las cosas, tiene las mismas puertas del Príncipe que Dios, o sea Morante.
Lo mejor de la tarde vino de la mano de Borja Jiménez, el torero con más hambre del escalafón y el anverso total de Rufo.
Estuvo muy bien en los tres toros que le tocaron en suerte (uno por el percance de Morante) se intenta colocar bien, maneja bien la izquierda, le falta un poco de temple en momentos determinados, toreando con poco reposo (todo el mundo no es Dios) y lo peor y lo que le condena, una espada totalmente roma, pero ante todo, pone toda la carne en el asador y no se le puede reprochar nada.
De mucho mérito su saludo de rodillas por verónicas al último de la tarde (lo que da una idea de la casta de los toros actuales) y su faena al toro de Morante con una plaza sobrecogida. Tarde de Puerta del Príncipe si hubiera metido la espada a ese toro. Con todo cortó una oreja en su primero y en el último.
Muy buena feria la suya, el otro día con Victorinos y también hoy con los de Matilla. Una pena la espada.
Por último, el puntito de todos los días, los novillos, que embistieron todos más o menos. Volvió a toriles el quinto porque se partió un pitón y apareció otro novillo pero con más peso. Esto parece que no tiene remedio y tiene toda la pinta de que pidamos que vuelva Ramón o su veedor.
José Luís MIGUEL
Abonado